Las piezas que se regalan en un grado, en unos quince o en un aniversario, y terminan pasando de una generación a la siguiente. Cadenas de tejido figaro, barbada, veneciana y soga; candongas y topos; esclavas, tobilleras, dijes y relicarios. En plata 925 y en baño de rodio dorado, en nuestra joyería del Centro Comercial Metrópolis, en Bogotá.































































































Cuatro términos que vas a ver en toda etiqueta de plata.
Es la pureza, no una referencia. Significa que la pieza tiene 92,5% de plata pura y 7,5% de otros metales, casi siempre cobre. La plata pura sola es demasiado blanda para una joya: se raya y se deforma con el uso. Esa mezcla es la que la vuelve usable, y por eso el número aparece grabado en el broche.
Figaro alterna eslabones largos y cortos en grupos de tres. Barbada son eslabones aplanados que caen pegados a la piel. Veneciana o box chain son cubos enlazados, la más discreta. Soga va trenzada y es la que más brilla al moverse. No es lo mismo pedir «una cadena» que pedir el tejido.
Es una reacción normal con el aire y con la piel de cada persona: unas manos la oscurecen en semanas y otras en años. La pieza no se dañó ni era de mala calidad. Esa capa se quita y la plata vuelve a quedar como estaba.
La esclava es la de placa central, la que se graba. La tobillera va en el tobillo y se lleva más suelta. El novenario son varias pulseras finas que se usan juntas. Son nombres de acá, y con ellos pides exactamente lo que quieres en vez de describirlo con las manos.
La esclava de placa lisa y el collar con dije se hacen con el nombre, la fecha o el mensaje que quieras. Pregúntanos por WhatsApp cuál modelo te gustó y qué quieres que diga, y te confirmamos cuántas letras caben y cuánto vale.
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