Aquí nadie escoge por moda. San Benito para la protección, la Milagrosa y la Guadalupana para el amparo de todos los días, el crucifijo para lo de siempre. Piezas en plata 925, algunas con baño de oro, otras con circonias o con el acabado envejecido que resalta las inscripciones. En nuestra joyería del Centro Comercial Metrópolis, en Bogotá.
















Detalles de la tradición que mucha gente lleva puestos sin saberlo.
Ese anillo de iniciales alrededor del borde no es decoración: cada letra es la primera de una palabra en latín. Juntas forman una oración de protección completa, abreviada para que cupiera en una medalla del tamaño de una moneda.
En el borde va siempre la misma inscripción: «Oh María sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti». Está en el diseño desde 1830, y por eso la medalla se reconoce igual en Bogotá que en México o en París.
Porque el escapulario original eran dos trozos de tela unidos por cordones, uno sobre el pecho y otro sobre la espalda. La versión en plata conserva esa forma: dos placas y una cadena. No es un dije doble, es una tradición copiada en metal.
El de rezar tiene cinco decenas y se lleva en la mano. El de cuello toma la forma del rosario pero se diseña como joya: cadena más corta, cuentas más pequeñas y una caída pensada para lucirse. Se parecen, pero se usan distinto.
Muchas de estas joyas se compran para un bautizo, una primera comunión o una confirmación. Escríbenos por WhatsApp y te ayudamos a escoger el modelo y el largo según la edad de quien la va a llevar, y te pasamos el precio.
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